Cuando escuché Nube negra, conté las veces que había dicho y seguía diciendo aquella pequeña frase "nube negra" (mientras la escuchaba por primera vez) o mejor dicho, " es que mi casa esta debajo de una nube negra ", refiriendome al clima templado de mi barrio y a mi actitud de chica friolenta.
El principio fue así; una tarde leí unos versos, en la sección cultural que siempre publicaba el diario La rázon, que solía comprar mi padre. La noticia era sobre un cantante español (del que no recordaba haber escuchado antes) que había publicado su libro de poesía - Ciento volando de catorce- y al leer Este ya, supe de la existencia del genio de Úbeda, curiosamente a través de la poesía, su poesía:
Este ya no camufla un hasta luego,
esta manga no esconde un quinto as,
este precinto no juega con fuego,
este ciego no mira para atrás.
Este notario avala lo que escribo,
estas vísperas son del que se fue,
ahórrate el acuse de recibo,
esta letra no la protestaré.
A este escándalo huérfano de padre
no voy a consentirle que taladre
un corazón falto de ajonjolí.
Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
este masoca no llora por tí.
Y así ocurrió. Nube negra fue la primera canción que escuché de Joaquín Sabina, no dejo de escucharla cada vez que me da la gana. Esta es mi parte favorita:
Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.
Este ya no camufla un hasta luego,
esta manga no esconde un quinto as,
este precinto no juega con fuego,
este ciego no mira para atrás.
Este notario avala lo que escribo,
estas vísperas son del que se fue,
ahórrate el acuse de recibo,
esta letra no la protestaré.
A este escándalo huérfano de padre
no voy a consentirle que taladre
un corazón falto de ajonjolí.
Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
este masoca no llora por tí.
Y así ocurrió. Nube negra fue la primera canción que escuché de Joaquín Sabina, no dejo de escucharla cada vez que me da la gana. Esta es mi parte favorita:
Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.
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