miércoles, julio 18, 2007

En fase terminal


Faltan diez minutos para que sean las once de la noche. El tráfico ya es un mal síntoma, del pesado viaje que se viene. Parece un pequeño infierno, insoportable, tedioso, y algo mas. Angie (17) acompaña a su padre al terminal terrestre de Fiori. Están a punto de viajar a la ciudad de Chiclayo. El taxi, es amplio y lo conduce un hombre de unos 60 años aparentemente, lleva el ceño fruncido desde que subieron, es de hablar poco, su voz delata a un tipo arrogante.

La joven no se deja vencer por el sueño, su padre mientras tanto trata de buscar alguna conversación con el chofer huraño. Las 2 maletas están a su lado, ella coge su mochila fuertemente, como si entre sueños ya, presintiera peligro. “Hija, no te quedes dormida, todavía, ya falta poco para llegar, ponte alerta, en cualquier momento llegamos” le avisa su padre.

“Diez, cuatro, espere…falta un sol, quince soles todo completo, gracias maestro”. Es hora de bajar, el aire parece estar mas contaminado allí, se siente un olor, como a pescado o desagüe, pero de pronto se esfuma, o es que uno termina por acostumbrarse. Unos perros callejeros le impiden el paso a Angie, quien sostiene con esmero su maleta, la más pesada. Se desarma una pelea entre los canes moribundos de hambre, corre pero con miedo, solo quiere alcanzar a su padre que camina rápido.

En aquel recorrido observa a una mujer gorda y desaliñada que esta vendiendo panes con pollo al costado del baño, “No, no mami, si ahí dan ph gratis” le grita una niña a su madre, dirigiéndose al baño, en la entrada hay una joven de unos 15 años aproximadamente que cobra cincuenta céntimos para entrar al servicio higiénico, como esta también puesto en el cartel pegado en la pared. Las condiciones en las que esta deja mucho que desear, pues Angie ya había estado una vez en ese lugar, solo entro y prefirió salir. “Este lugar necesita mas limpieza” susurro una mujer a la hora de abandonar el lugar.

Sus zapatos se embarraban de tierra mojada, habían mas perros husmeando algo que comer, delincuentes que se confundían entre los pasajeros, padres con hijos dormidos en brazos, familias enteras buscando en que bus entran todos, los jaladores convenciendo a la gente, de que el bus que tiene al frente, es el mas cómodo en precio y en asiento. Los vendedores de bocaditos, ilusionando a los niños, poniéndoles los dulces por los ojos.

En fila, están alrededor de 50 buses, entre ellos algunos de los fatídicos buses-camión, esperando pasajeros. Angie y su padre buscan rápidamente uno que se dirija Chiclayo. El padre le ordena que vaya al otro extremo, y pregunte cuanto cuesta el pasaje. “Puedes con la maleta” le pregunta, “si” responde ella con seguridad. Se acerca a uno de los buses y pregunta, “Disculpe, ¿cuanto cuesta el pasaje a Chiclayo?”. El chofer estaba profundamente dormido, un joven se le acerca “Suba flaquita, 15 luquitas nomás, te ayudo a subir tu maleta”.

“No, solo estoy preguntando, gracias”, balbucea ella, “Pero ya no hay mas buses que vayan a Chiclayo, este es uno de los pocos donde queda asiento, sube, mira sin compromiso”. El miedo se apodero de ella, no sabia que decir, ni que hacer para que el hombre entendiera que no iba a subir a ese vehículo, ni siquiera para mirar. Alzo su voz y medio que tartamudeo, “Oiga, yaaa le dije que no voy a subir, apártese queee voy aaa pasar, por favor”.

Aníbal (45) padre de la joven, se dirige a su hija, “¿Qué pasa aquí?” expreso con voz de alerta, “Nada paisano, solo quería ayudar a la señorita, jajaja no pasa nada, ¿va a Chiclayo no?, dígame en que le ayudo”. “Vamonos hija, ya encontré un bus, apurate ya esta por salir, dame esa maleta, y camina adelante” la voz del padre, le hace sentir segura, pero abraza con mas fuerza su mochila.

Las 12 y 45 de la noche, Angie y su padre suben a un bus informal, “Luz del norte”, cierran la puerta, al chofer se le caen algunas cintas de video, le grita a su acompañante “Ya arranco, sube nomás, ya estamos completos, además ya no hay boletos”. Desde la ventana, Angie observa los pequeños puestos de dulces, abarrotes, ambulantes por todas partes, vendiendo desde pollo broaster, hasta choncholi, chanfainita, papa rellena, queques, canchita. Un vigilante que del cual recién se acaba dar cuenta que existía, y una patrulla de policías del distrito de Independencia, estacionándose, por los servicios higiénicos.

Colombia ha reportado 513 muertos y 2.782 heridos en el 2004 en accidentes relacionados con autobuses que cubrían largas distancias.
En el Perú:
En total, 557 personas han muerto y 2.581 han resultado heridas en los accidentes de buses "interprovinciales", entre julio del 2004 y junio del 2005, de acuerdo con el Centro de Investigación y de Asesoría del Transporte Terrestre de Perú (CIATT).
Expertos afirman que la causa principal de la elevada cantidad de accidentes es la imprudencia y temeridad de los conductores.
Se estima que existen 400 buses-camión en las vías peruanas, lo que constituye alrededor del 10% de los más de 3.770 autobuses que recorren el país.
Los buses-camión tienen frenos deficientes y son cuatro veces más propensos a provocar un accidente mortal que los autobuses normales, los que suelen tener entre 10 y 15 años y son destartalados.